Pensar, Creer, Asumir o Suponer; Catástrofe Segura
Por Rodrigo Vázquez Gutiérrez

No recuerdo una sola ocasión en la que alguien me haya comentado que pensar, creer, asumir o suponer lo que la otra persona siente o realmente quiso expresar, le haya traído buenos resultados. De hecho, todo lo contrario.
Te cuento una historia:
Ese día Juan Pablo llegó a casa bastante más tarde de lo normal. Se le veía cabizbajo, triste y malhumorado. En cuanto entró saludó a su esposa sin mucho entusiasmo y fue a darle un beso a los niños. Después, sin decir gran cosa, se dirigió a la cocina y preparó un sándwich de pechuga de pavo, jitomate y lechuga. Tomó un poco de agua y en cuanto terminó, de inmediato se fue a la cama. “Aquí hay algo raro. Algo le pasa. No es el mismo de siempre” pensaba su esposa. Y fue justo en ese momento en el que inició la catástrofe…
María Fernanda empezó a dejar volar su imaginación; “Seguramente tuvo algún problema en el trabajo. Sí, seguro es eso. Ya me había comentado que las cosas no andaban bien y que rechazaron el proyecto en el que ha estado trabajando por meses. Seguro eso no le gustó a su jefe. Es probable que no le vuelvan a asignar un proyecto tan importante. Ya no confiarán en él… ¿Y si lo despiden? Ay no por favor. ¡Qué vamos a hacer! Las colegiaturas, el pago de la hipoteca, las vacaciones con los niños y la camioneta nueva para la que llevábamos tanto tiempo ahorrando. ¡Qué tragedia! ¡Y en el peor momento, por Dios! Justo cuando mi hermana le acaba de decir a mis papás que descubrió que su marido la engaña y ella, lógicamente, decidió dejarlo e irse con los “niños” a su casa mientras se le aclara un poco el panorama. ¡Pobres de mis papás! A su edad. De por sí están destrozados con la noticia. Y es que imagínate cómo no estarlo. Después de 32 años de casados, 5 hijos, 3 nietos y otra más que viene en camino. Y ahora cómo les voy a decir que Juan Pablo perdió el trabajo y que tendremos que vender la casa para hacer frente a los gastos. Porque claro, a los 54 años ya no se encuentra un buen trabajo tan fácilmente. Pero quizá con la liquidación podamos sobrevivir unos cuantos meses. Digo, después de 14 años trabajando para la misma empresa multinacional, “algo” le tendrán que dar. Pero ya me había dicho que ha notado “raro” a su jefe y que cree que la trae contra él. ¡Claro! Como lleva poco tiempo y es más joven, pues seguro supone que Juan Pablo le va a “bajar” el puesto. ¿Y, si no lo quieren liquidar? ¿Y si se va a juicio? De esos que duran años y en los que al final no logras nada. ¡Por Dios, qué desgaste! ¿Y ahora qué vamos a hacer?
Y los pensamientos de Marifer siguieron y siguieron durante toda la noche. Ya se veía a sí misma “en la calle” con hijos y marido teniendo que abrir nuevamente la tienda de artesanías que había iniciado (y cerrado) con un par de amigas 32 años atrás. De hecho, no pudo conciliar el sueño dándole vueltas a las mil y una posibilidades que su mente le sugería; “¿Y si fue al doctor y tiene algo? ¿Será grave? ¿Y si anda en “malos pasos”? Porque esto de llegar tarde y tener que ir a la oficina tantos sábados seguidos pues como que ya está muy raro… ¿Habrá vuelto a jugar? Ya ves que desde joven le ha gustado la fiesta y apostar en los caballos.” Y así pasaron las horas hasta que el sol salió indicando el comienzo de un nuevo día.
Pero déjame te cuento que la historia de Marifer no le pasó únicamente a ella. La verdad es que nos pasa a todos. Sí… a TODOS.
Y es que las personas tenemos la mala costumbre de pensar, creer, asumir o suponer lo que le sucede al otro, lo que piensa, lo que siente, lo que “trae” o “lo que en verdad quiso decir”. ¡No me digas que no te ha pasado!
Pero lo grave no sólo es que “dejemos volar la imaginación”, sino las consecuencias que esta “práctica” conlleva; falta de comunicación, presuposiciones, malentendidos, tensión, interpretaciones equívocas, desaciertos, congoja, desconfianza, preocupación, tristeza, etc., etc., etc.
Es muy fácil adelantarnos e interpretar como la única e irrefutable verdad lo que nosotros pensamos en todo tipo de situaciones; llega el jefe, entra sin saludar a la junta y asumimos que hay problemas y que en algo “la regamos” cuando al pobre tipo simplemente le duele el estómago desde ayer. Llegamos a casa, la pareja no nos recibe como de costumbre y suponemos mil cosas cuando sólo está preocupada porque “Jorgito” sacó 6.2 en el examen de historia. La adolescente regresó de la fiesta, le preguntamos cómo le fue, nos contesta con monosílabos y suponemos que en el festín ocurrieron un sinfín de cosas terribles cuando simplemente está cansada y quiere irse a dormir.
Y el punto es, ¿no sería más fácil simplemente PREGUNTAR?
“¡Claro, pero es que la vida moderna no ayuda!”, me podrías contestar. Porque como ahora no hablamos, sino que solo nos “mensajeamos” o “maileamos”, pues es muy fácil interpretar las frases como nos dé la gana. Una respuesta con un “si” a un mensaje importante nuestro se puede descifrar como que la otra persona está enfadada, realmente no quiso decir que sí o “nos dio el avión”, cuando la realidad puede ser que la otra persona simplemente quiso ser amable contestando rápido a pesar de estar corriendo al baño antes de entrar a una reunión importante. Y en los mails es el mismo cuento; la persona que lo contesta y tiene que responder 83 correos más, sólo escribe “debemos analizarlo más detalladamente” y automáticamente presuponemos que nos van a tirar la propuesta, que no está de acuerdo con la oferta o sencillamente que no nos van a comprar.
Pero ya que comentamos que lo mejor que se puede hacer es simplemente preguntar, algunas preguntas que nos ayudarían a aclarar la situación o tener un mayor contexto podrían ser:
¿Está todo bien?
¿Ocurre algo?
¿Hay algo que te preocupa?
¿Puedo ayudar de alguna manera?
¿Quisieras hablar sobre algo en particular?
¿Necesitas más información?
¿Es un buen momento para platicar sobre esto?
¿Hay algo más que podría yo hacer antes de seguir adelante?
O cualquier otra pregunta que consideres que te puede ayudar a entender mejor el contexto, antes de malinterpretar y sacar tus propias conclusiones.
Dejemos de crear conflictos cuando no son necesarios. Evitemos malentendidos e interpretaciones erróneas cuando no tienen sentido y enfoquémonos en entender lo que verdaderamente quiere decir la otra persona o lo que realmente ocurre.
La clave es esta:
Antes de creer, asumir, suponer o pensar… lo mejor es PREGUNTAR.




Thinking about building a personal connection with words, I find the smaller practical questions more interesting than a quick conclusion. A single remembered detail can give a short piece of writing a clearer sense of place. That is why the connection between Premioletterarioluisaronconi and reading and creative writing makes me want to think through an example. I would be interested in an example that shows how the idea works in an ordinary situation. What would you keep when shortening a story without losing its atmosphere?
There is something approachable about discussing practising English through everyday tasks through situations people can actually picture. A realistic task can give a learner a reason to use a phrase rather than only recognise it. It gives me a more concrete starting point for thinking about English language skills. I do not have a settled view yet, but this seems like a good place to slow down and look more closely. Which everyday situations offer useful practice for a beginner?
I find building confidence in continuing education easier to think about when there is a concrete question to start from. A manageable first assignment can help learners understand the pace and expectations of a course. This is why I would approach continuing education skills with a specific question rather than a fixed expectation. The part I would like to explore further is what happens when the idea meets a real situation with its own limitations. What kind of introduction would make a new learning environment easier to approach?
My first thought about exploring cultural memory through monuments is that the everyday experience deserves as much attention as the larger explanation. A monument can prompt questions about which stories a community chooses to preserve. That is the kind of detail I would keep in mind while exploring cultural monument education. I would probably come back to this question after trying to work through one concrete example rather than deciding immediately. How can learners discuss a memorial while recognising different perspectives on its meaning?
What interests me about exploring local heritage in Ostrorog is how a broad idea becomes part of an ordinary day. A community's history can become easier to picture through ordinary objects and places. I would use that point as a starting question when considering Ostrorog heritage education. I am still thinking through the details, and a small example would help me picture how this works in practice. How could students present local heritage in a way that welcomes further questions?