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Pide, pide, pide.

5 pasos para aprender a pedir lo que quieres.


Texto e Ilustraciones: Rodrigo Vázquez Gutiérrez


Es simple…
Si no pides, no recibes.

Juan trabajaba mucho generando excelentes resultados y estaba convencido de que merecía ocupar el nuevo puesto y recibir un aumento. ¿Pero qué crees? Como nunca lo pidió, nunca se lo dieron. Simplemente no se postuló y por lo tanto su jefe supuso que no estaba interesado…


Durante sus años en la universidad, Diego quería invitar a salir a Sofía, pero temía que ella le dijera que “no”. ¿Y qué sucedió? Que Diego nunca se atrevió y ahora ella está infelizmente casada pensando todos los días en Diego; aquel chico que le gustaba tanto pero que nunca la invitó a salir…


Ma. Elena y Alberto encontraron la casa de sus sueños, pero el precio de venta salía de su presupuesto y nunca se animaron a hacer una propuesta que se ajustara a lo que ellos podían pagar. ¿Y qué ocurrió? Que ahora pasan cada fin de semana frente a aquella hermosa casa viendo como otra familia, que sí tomó el “riesgo” de hacer una propuesta por un monto aún menor, disfruta viviendo en ella…



Si eres como la mayoría de las personas, podría apostar a que alguna vez te han pasado por la cabeza pensamientos como estos:


Es que me da pena… ¿Y si me dice que “no”? La verdad es que no creo que él/ella pueda, además, si quisiera, ya me lo hubiera ofrecido, ¿no crees?… Si pido, van a creer que no puedo solo. Pedir es de gente necesitada y yo no necesito de nadie. ¿Qué tal que no quiere y yo “ando ahí insistiendo”?


En tu caso, ¿cuál es tu pretexto para no pedir? Porque con mucha pena te digo que simplemente son eso: PRETEXTOS.


Pero ahondemos un poco más en el tema; la verdad es que a la mayoría de las personas nos cuesta trabajo pedir casi cualquier cosa. No nos sentimos cómodos pidiendo (ya que dime, ¿a quién le gusta sentirse incómodo?), creemos que podemos hacerlo sin ayuda, no queremos “molestar” a los demás; nos importa mucho el “qué dirán” o nos sentimos vulnerables cuando pedimos lo que queremos o necesitamos. Sin embargo, el miedo más grande que surge es el de enfrentar el rechazo;, es decir, nos aterra que nos digan que “no”. Y justo ahí es donde empieza el “problema”, cuando asumimos que la respuesta que nos darán es “no” sin siquiera dar la oportunidad a la otra persona de tirar por la borda nuestra creencia tal vez diciéndonos que “sí”.


¡Hay que atreverse a pedir lo que se necesita o desea! Si te dicen que “no”, no estarás en una situación distinta a la que ya estás ahora. ¿Correcto? Y si te dicen que “sí”, ¡estarás en una situación mucho mejor! Imagínate todo lo que podrías obtener simplemente por el hecho de pedirlo: un aumento de sueldo, un descuento en algo que quieres comprar, que te hagan un pago pendiente, una mesa en una mejor zona del restaurante, una habitación con jacuzzi y vista al mar; que te asignen un nuevo proyecto con mayores responsabilidades, una cita para salir con la persona que te interesa, una extensión de tiempo, un abrazo, una recomendación o cualquier otra cosa que desees. ¡Y sólo por el hecho de pedirlo!

Para obtener lo que deseas, necesitas estar dispuesto a correr el riesgo de enfrentar el rechazo. Puede que no se sienta bien en un principio, pero tampoco es lo más grave del mundo.


En alguna ocasión, Herbert True, especialista en mercadeo de la Universidad de Notre Dame, determinó lo siguiente:


  • 44% de todas las personas que se dedican a las ventas se dan por vencidas después de la 1ª llamada.

  • 24% deja de intentarlo después de la 2ª.

  • 14% se da por vencida después de la 3ª vez que llama.

  • 12% deja de tratar de venderle a un posible cliente después de la 4ª llamada.

¡Es decir que el 94% de los vendedores se dan por vencidos a la 4ª llamada! Y la cuestión es que el 60% de todas las ventas se hacen después de esa 4ª llamada. ¡Imagina la cantidad de negocios y oportunidades se están perdiendo por falta de persistencia y por dejar de pedir!



¿Pero, qué se puede hacer para aprender a pedir y obtener lo que se desea? Pues podrías empezar por conocer y aplicar estos 5 pasos:


1. Pide como si realmente esperaras recibir. Lo mejor que puedes hacer es prepararte teniendo una expectativa positiva de que lo que solicitas te será otorgado. Como si ya estuviera hecho. Como si esperaras un “” como respuesta a tu solicitud.


2. Asume que puedes. Cuando pidas, imagina hacerlo suponiendo que puedes obtener algo mejor. Que puedes conseguir un aumento. Que puedes cerrar el trato. Que puedes lograr una cita. Pedir suponiendo que puedes obtener un descuento. Porque lo peor que podrías hacer sería empezar haciendo tu solicitud suponiendo que no lo vas a obtener, ¿no lo crees?


3. Pídele a la persona que pueda darte lo que quieres. Antes de pedir, pregúntate: ¿Quién sería la persona indicada para otorgarme lo que pido? ¿Quién puede tomar esa decisión? ¿Con quién debería hablar para que suceda lo que estoy pidiendo? En ocasiones pedimos a la persona incorrecta o a alguien que tiene una capacidad de respuesta limitada. Enfócate en la persona adecuada y obtendrás que te contesten sin rodeos ni terceras personas de por medio.


4. Asegúrate de hacer tu solicitud de manera clara y específica. No es lo mismo decirle a tu pareja que quieres que pasen más tiempo juntos, a decir algo como, por ejemplo: “Me gustaría que el sábado fuéramos al cine y a cenar.” Así como tampoco es lo mismo decirle a tu jefe que quieres “un aumento” en lugar de ser más concreto diciendo: “Quiero un aumento del 30%”. Recuerda que las solicitudes vagas producen respuestas vagas.


5. Pide persistentemente. ¿Te has fijado en la manera en que los niños piden las cosas? Lo piden e insisten hasta que lo obtienen. No hay más. Por su cabeza no pasa el tener un “no” por respuesta. Al pedir, en muchas ocasiones hay que ser persistentes. El hecho de que hoy te digan que no, no significa que no puedan mañana, pasado mañana o dentro de un mes. Quizá cuando lo pides no sea un buen momento, o tal vez en esa ocasión no puedan dártelo. Pero eso no significa que no puedan después o en el momento en que cambien las circunstancias.


Y para poner esto en práctica, me gustaría proponerte el siguiente ejercicio:


Primero, haz una lista de todas las cosas que quieres y no pides. Ya sea a tu pareja, a tus hijos, en tu trabajo o en la escuela. Permite que la lista sea tan larga como sea necesario. Después, escribe junto a cada una la razón que te impide pedirla. En tercer lugar, escribe lo que te cuesta no pedirla. Y, por último, escribe las ventajas que obtendrías si la pidieras.


En la medida en que vayas desarrollando esta lista, te irás dando cuenta de que, la mayoría de las veces, quien dice que “no” eres tú mismo. ¿Y, no crees que ya va siendo hora de que esto cambie?


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